Cantata Memorial

En este país pequeño

Con una forma de espada

La historia dejó sus huellas

Que no serán olvidadas.

Como un racimo de uvas

Es América del Sur,

Chile estrella solitaria

De blanco, rojo y azul.

Con una historia común

Conquistados y oprimidos

Con injusticias de siglos

Muertos, presos, perseguidos.

En Chile el año sesenta

Comienza un despertar,

En el campo y la ciudad

Se vienen a organizar.

Viene la reforma agraria

Mucha solidaridad,

Tener parcelas pequeñas

Vivir en comunidad.

El setenta asume Allende

Soñando un mundo distinto,

La revolución chilena

Con empaná y vino tinto.


Fueron años muy hermosos

Y de una fuerza vital

En el pecho un ideal

Y un futuro esplendoroso

Al son de un himno gozoso

Que en nuestros labios vibraba

Una llama me alumbraba

Era luz de libertad

Y en mi pecho la igualdad

Mi corazón anhelaba.

Ay mi vida de estudiante

Vestido de azul y plomo

Con palmadas en el lomo

Y el pecho siempre vibrante

Para mi es emocionante

El recuerdo de esos días

Que cariño y alegría

Había en todos nosotros

Que de amor unos a otros

Sin rencores ni falsía.

Nuestro proceso avanzaba

Con alegría del pobre

Nacionalizando el cobre

Todo chile festejaba

Cualquier chilenito andaba

Más feliz que buen jinete

El pueblo se compromete

Alegría extraordinaria

Había reforma agraria

Y en el bolsillo billete.


La derecha se alborota
Y comienza a conspirar,
No podían aceptar
En las urnas la derrota.
Que ganaran los de ojotas
Pregonando su ideal,
Era desastre total
Que llegaran al gobierno,
Para impedir ese infierno
Mataron a un general.

No fue un militar cualquiera,
René Schneider fue ejemplar,
Quiso siempre respetar
El gobierno que viniera.
Lo que el pueblo decidiera
En la votación secreta,
De la A hasta la Z
Que se cumplan las medidas,
Le costó su propia vida
El defender esa meta.

El uso de la palabra
Siempre lleva un compromiso,
Firme en la tierra que piso
Pa’ que mi mente se abra.
Junto a mi pueblo que labra
Su destino con valor,
Voy con el trabajador
Buscando nuevas conquistas,
Soy la joven idealista
Que quiere un Chile mejor.


Desorden había es cierto
Los errores no faltaban,
Muchos grandes se pensaban
Y no fueron tan despiertos.
Con los ojos bien abiertos
Reflexiono con tristeza,
No fue falta de entereza
Sino de organización,
Poniendo en la discusión
Las cartas sobre la mesa.

Pero tampoco me olvido
Lo que el rico perseguía,
La sedición de la CIA
Al comienzo del partido.
Muchos chilenos vendidos
Por el cochino dinero,
Vende patrias traicioneros
Ayudando a conspirar,
Para volver a explotar
Al humilde y al obrero.

Allende luchaba duro
Por imponer armonía,
Guerra en Chile no quería
Pero encontraba mil muros.
El porvenir se vio oscuro
Cuando toda la oposición
Consiguió total unión,
Paralizando al país.
Qué acuerdo más infeliz
Qué tristeza en la nación.


Con tanta dificultad
Gobernar costaba mucho,
Todos decían “yo lucho”
Pregonando la verdad.
La división sin piedad
De este país se adueñó,
Terrible lo que pasó
Se desataron pasiones,
Nadie cedió posiciones
Y el gran desastre ocurrió.

Llegó ese día terrible
Con el golpe militar,
Tanto dolor que llorar
Por la violencia increíble.
Angustia indescriptible
Cuando lo voy recordando,
Todo se fue destrozando
Es tan grande el retroceso,
Con miles de hermanos presos
Por decreto de los mandos.

El estudiante idealista
Con el obrero sencillo,
Lo buscaron como pillos
Con letra negra en las listas.
Todo el que era marxista
No merecía vivir,
Mucho menos los del MIR
Bombardean La Moneda,
Implantan toque de queda
Miles dejan de existir.


Muere Allende en La Moneda
Tranquilo y limpia su frente,
Como mueren los valientes
Más su palabra nos queda.
Y como gira la rueda
Se hará justicia algún día,
Cuando entonces la alegría
Salga de todas las casas,
Dará su nombre a las plazas
De esta patria suya y mía.

En sus últimas palabras
Se despidió muy sereno,
Del trabajador chileno,
Del campesino que labra.
En esa hora macabra
En medio de su dolor,
Dio su mensaje de amor,
Esa esperanza nos queda:
Cruzar libre la Alameda
Con dignidad y valor.

La patria la recorriste
De Arica hasta Punta Arenas,
Y esta tierra chilena
Lloró cuando tú partiste.
Pero tranquilo dijiste
“Otros hombres lograrán
Esta etapa superar,
Se abrirán las alamedas”.
Palabras tan verdaderas
La historia no ha de olvidar.


Un chileno consecuente
Frente en alto dio la cara.
Me refiero a Víctor Jara
Que siempre estará vigente.
Su canto por ser valiente
La nueva canción será.
Por cantar a la verdad
Le dieron una vil muerte.
Y esa sangre que se vierte
Nunca más se olvidará.

Muchos debieron partir
A un exilio doloroso,
Años lentos y penosos
Otras culturas vivir.
Otros climas que sentir
Sin hallar ni una raíz.
Añorando su país
Entre mar y cordillera,
Soñando con primaveras
En un pasado feliz.


En París Héctor Pavéz
Dio a otro lenguaje.
Extrañaba su paisaje,
Su Isla Grande de Chiloé.
Cuánto la amaba, lo sé,
Y a toda el alma chilena.
Su acordeón, su bombo y quena
Que en algún lugar dejó.
Dicen que enfermo murió,
Pa’ mí que murió de pena.

En ese tiempo fatal
Se desata la crueldad,
Invadiendo todo Chile.
No escapa nuestra ciudad.
Las radios son acalladas
Con bandos amenazantes,
Dando nombres y apellidos
En mensajes delirantes.

Cardemil, Soto, Espinoza,
Jiménez, Néstor Holzapfel,
Andrés y Gabriel Gómez,
Juan Leonhardt, Nelson González,
Peores que delincuentes
Fueron tratados aquí.
El lugar de la tortura,
Cuartel de la PDI.

Se desata la demencia,
Golpes y frases violentas,
Acusaciones sin base
Y preguntas sin respuestas.


Sus cómplices, ¿dónde están?
A mí no me cuentan tretas.
¿Dónde escondieron las armas?
Háblenme del plan Z.
Y así comienza el desfile
De personas inocentes
Que soñaron algún día
Con un mundo diferente.

Torturados uno a uno
Como vulgares rateros,
Lucho Silva, Vargas Niello,
Droppelmann, Luis Guerrero,
Von Fach, Domingo Huanca,
Elio Barría, Luis Villegas,
Conrado, Fernando España,
Lespay y todos los Leiva,
Catepillán, Arismendi,
Nofal, Lucio Mascareña,
Lindor, Redlich, Waldemar,
Schuermann, Arias, Ramos, Peña,
Anderson, Chávez, Uribe,
Benítez, Levi, Torrijos,
Velásquez, López, Galletti,
Henríquez, solo era un niño.


Olga, Marlis, Irma, Rosa,
Junto con Marta Helena.
Mujeres de valentía
En esta patria chilena.
Modesta, Norma, Herminia,
Rosa Arauz, Flor Araneda,
Flor Cárdenas, Miriam Díaz,
Blanca Chávez, María Elgueta.
No lograron doblegarlas,
Dignas hijas, dignas madres.
Y aquellos que torturaron
Avergüenzan a sus padres.
Sus nombres están grabados
Junto a miles muchos más.
El alma de nuestra patria
Nunca más lo olvidará.

La tenaz persecución
Llegó a todos los rincones,
Destruyendo corazones
Sin la menor compasión.

En mi ciudad, Puerto Montt,
El diputado Espinoza
Con Abraham Oliva engrosa
La lista de ejecutados.
En falsa fuga acusados,
Les dan muertes alevosas.


Un púgil puertomontino
Llamado Carlos Mansilla,
Boxeando fue maravilla
En los ring capitalinos.
Su promisorio destino
Es truncado sin razón.
Acusado de agresión,
Tiene una terrible suerte.
Con cinco más le dan muerte,
Enlutando a la afición.

Un grupo de deportistas
Sufre terrible injusticia.
En mentirosas noticias
Son tratados de extremistas.
Eran grandes futbolistas,
José Soto, Hernán Mañao,
Con Bahamonde y Maldonado.
Entre golpes y amenazas
Son sacados de sus casas
Y vilmente asesinados.


El idealismo prendía
En los jóvenes del MIR,
Y dejan de existir
Con saña y alevosía.
Felmer, Cárcamo, Barría,
Arismendi y Avendaño.
Los sacan como rebaño,
Torturan a Mario Torres.
Y no habrá lluvia que borre
Tanto dolor y cruel daño.

Del asentamiento El Toro
Secuestraron a seis hombres,
Revolucionarios nombres
Llenos de amor y decoro.
Con un fatídico coro
Se oyó la voz del ultraje.
Y entre los hombres salvajes
Se le vio a Juan Metralla.
Que en vez de llevar medallas
Llevaba sangre en su traje.


Anduvieron entre montes
Junto a gente campesina,
Compartiendo una genuina
Mirada hacia el horizonte.
Que su dignidad remonte,
Viaje hacia la eternidad.
Hombres de amor y humildad
Hallaron en estos llanos
Y hoy son para los fresianos
Ejemplos de dignidad.

Fueron pasando los años
Con la bota en el poder,
Causando gran padecer,
Seguían haciendo daño.
Noticieros del engaño
Había en televisión.
Solo ellos tenían razón,
Negando el derecho a hablar.
Por eso voy a nombrar
Los héroes de mi nación.

Desde Arica a Punta Arenas
Comenzaron las protestas,
Que fueron heroicas gestas
Para romper las cadenas.
Se pararon las faenas,
A la calle nos volcamos
A conquistar lo que amamos,
Gritando firme presente.
Y una represión creciente
Con coraje soportamos.


Se vino Rodrigo Rojas
Porque supo la congoja
De su pueblo tan querido.
Sabía que estaba herido
Y por eso se volvió.
Por la justicia luchó,
Protestando lo apresaron,
Con bencina lo quemaron
Y heroicamente murió.

La Carmen Gloria Quintana
Como una antorcha ardía,
Su cuerpo se consumía
En manos de mente insana.
Cómo la maldad humana
Puede llegar hasta tanto
Sembrar terror y quebranto.
Es no tener corazón,
No saber de compasión,
Solo de odio y de espanto.

En población La Victoria
Se luchaba con pasión,
Y un cura de población
Merece toda la gloria.
Su nombre pasó a la historia,
André Jarlan se llamó.
Y la sangre que entregó
Es de un Cristo que volvía,
Mientras la Biblia leía
Un balazo lo mató.


Por su ideal tres hermanos
De a uno fueron cayendo,
Y la tierra recibiendo
Las víctimas del tirano.
Sus ejemplos no son vanos
Para renacer sin miedo,
Como el murmullo de un credo
Que crece suave y avanza.
Un trébol de la esperanza
Son los Vergara Toledo.

También tres profesionales
Estuvieron secuestrados,
Después fueron degollados
Por órdenes criminales.
Cerca de unos matorrales
Donde bordea el camino,
Encontraron a Nattino
Junto a Parada y Guerrero.
Sus vidas tronchó el acero
De los corvos asesinos.

Estos mártires chilenos
En el recuerdo están vivos,
Llorando yo les escribo
Siento que eran hombres buenos.
Que Dios los tenga en su seno,
Están en mi corazón,
En mi verso y mi canción,
Que ya no quiere más guerra.
Le pido a Dios y a la tierra
La cordura en mi nación.


Ahora que se conoció
El archivo de la CIA
Con aquella guerra fría
Que nunca jamás llegó,
A los yanquis no importó
Nuestro mundo demoler,
Lograron con su poder
Envenenar el terreno,
Pelearnos entre chilenos
Hoy día es pa’ no creer.

Ojalá que nunca más
Esta historia se repita,
El buen Dios no lo permita
Y solo se viva en paz.
Si ponemos fuego al gas
Quemamos la patria entera,
Y son palabras certeras
De un poeta con ideas,
Que si entre hermanos pelean
Los devoran los de afuera.

Acá estoy finalizando
Con estos versos relatos,
Enternecido por ratos
Triste a veces recordando.
Y voy a seguir amando
A mis lluvias, a mis valles,
No es que mi trino se acalle,
Amo lo bello sin duda,
Pero al igual que Neruda
Vi la sangre por las calles.


Estas son las reflexiones
De un humilde ciudadano,
Que ansía un país de hermanos
Libre de bajas pasiones.
Que en todas las elecciones
Gane mayoría honesta,
Que sea una gran fiesta
No solo pa’ ganadores,
Con cola los perdedores
Paguen riendo su apuesta.

Ese es el Chile que quiero
Con tintolio y empanadas,
Bailando de madrugada
Con huasos con ovejeros.
Con chilotes y mineros
Haciendo un mundo feliz,
Amando nuestra raíz,
Siendo rama de árbol sano
Y matar a sus hermanos
Nunca más en mi país.

 

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Mario Cardenas

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Rene Droppelmann Añazco

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